miércoles 11 de febrero de 2009

Sesión Número 4 de la Sociedad Secreta. Madres… quien las aguanta… ¿Quién puede vivir sin ellas?

Nuevamente nos encontramos ante estas cuatro muchachas reunidas en su lugar habitual. Esta vez puede verse que comparten el pie de arándanos prometido por la Sly, banquete para el cual han dispuesto almohadones rodeando la mesa ratona. Desde que hizo su aparición tamaño postre, sólo pudo escucharse el ruido de cuatro tenedores atacando al pobre pie, que ni siquiera tuvo tiempo de quejarse ante semejante asalto goloso.

Una pelirroja pareciese que estuviera atacando a su enemigo en vez de comer pie, ha planeado exterminarlo con su tenedor. Cuando sus amigas estaban a punto de dejar de comer, para alejarse de posibles ataques Weasley…. Ella gritó:

- ¡Un vociferador más y me acrimino! – Ginny elevaba su tenedor al tiempo que miraba decidida hacia el frente - ya no soporto que ande así de pesada… será mi madre pero ya me tiene harta… cansada… aburrida… si quiere controlarme no lo hará.

- ¿Vociferador? – Luna al no dormir con ellas, puesto que pertenecía a Ravenclaw, no conocía el tormento mensual de la Señora Weasley hacia la Pelirroja. Desde una discusión antes de subir al tren este año, recibía un mensaje rojo el día primero a las ocho de la mañana.

- Creo que nuestro dormitorio completo desea con todo amor que la señora Weasley se quede muda – suspiró Hermione, sin percatarse de la frase que se escapó de sus labios – ouch… odio pensar en voz alta… perdón… yo amo a tu madre, es sólo que pareciera que quisiera lanzarte un cruciatus por medio del vociferador… me asusta realmente la persistencia de su enojo.

La señora Weasley era una mujer de armas tomar, cuando algo se le ponía entre ceja y ceja… mejor huir y esconderse bajo una capa de invisibilidad. Su hija no se quedaba atrás en temperamento, pudiendo sostener batallas verbales…que dejarían observando atentamente a cualquiera que pasara por allí… eran una pareja digna de libro.

- Creo que tu madre se ha pasado de la raya, piensa envejecer enviándote puntualmente sus mensajes de horror… deberías hablar con ella pronto – le urgió una molesta Sly – Por más que sea tu madre debería parar el drama… ¿Qué tanto hiciste para que te castigara así?

- Aprender a jugar Quidditch… practicar como endemoniada cuando estoy en casa… eso es lo que la enoja más – Ginny se sentó en la alfombra, apoyando la espalda en las piernas de Hermione, que se había acomodado en su sillón– sabe que no es todo lo que hago diariamente, pero se enfurece y no escucha razones. Es tan tozuda la pobre… pienso que me imagina como si fuera una marimacha.

- Tu mamá está preocupada, eso es todo – dijo Luna dulcemente - deberían conversar tranquilas y tratar de calmarse, no creo que piense que eres una marimacha… es sólo que le desespera la idea de que no puedas hacer algo con tu futuro.

- El futuro es lo único que les preocupa – Pansy con un movimiento de varita dejó limpia la mesa ratona, antes de volver a acomodarse en su asiento – mi madre me insiste en cuidar mis amistades, que me relacione según la familia a la que pertenecen, influenciada por mi padre...que fastidio… hace tiempo que odio saludar a zopencos, cuyos árboles genealógicos llegan a Adán y Eva o hasta los monos con el pelaje más fino y la cola más enroscada… uff… no quiero ser parte de esa farsa… yo me relaciono con quien quiero... no con esos… ¡idiotas!

- Vaya, vaya… que le tienes bronca a tu madre, mejor tranquilízate… aquí no está – dijo Hermione interrumpiendo a la pelinegra, que ya estaba por deshacer la almohada que sostenía en las manos – ay Dios… si vieran a mi madre… cómo estoy lejos de ella por el colegio, quiere saber de mis pasos… si pudiera me instalaría un GPS. Aún recuerdo que antes de venir al Colegio compró la “Guía para Padres Muggle con Hijos en Hogwarts: todo lo que debe saber de Magia”, lo leyó en tiempo record… esas ansias de control parecen mantenerla en alerta permanente. Para mí es un problema sentir esa presión, para hacer algo al respecto me he dado la tarea de mantener una frecuente correspondencia… es la única manera de estar tranquila…

- ¿GPS?... ahhh… es ese artefacto muggle que papá compró en el verano, funciona igual que el mapa del merodeador – Ginny se levantó para abrazar a su amiga - ¡Vaya que quiere mantenerte controlada!… pobre mi Herms… ¿por qué no me dijiste eso?

Era sorprendente cómo todas habían confesado que era lo que les molestaba de sus madres, excepto Luna, que las observaba en silencio. La conversación continuó sobre las discusiones sostenidas con sus madres donde los resultados habían sido funestos, es decir, peleas casi apocalípticas en vez de algún tipo de solución. Estas comúnmente finalizaban con un sentido ¡Porque yo soy tu madre y punto!. Las tres fueron dándose valor unas a otras para enfrentar a sus “malvadas madres”… de hecho Pansy casi firma una declaración en contra del “cuidado del abolengo”, para ser entregada a su madre al día siguiente por lechuza.

Luna recordó los tiempos en que vivía con su madre, en donde las peleas eran mínimas… casi siempre porque ella quería comer dulces al desayuno o porque había saltado sobre las camas dejando todo hecho un completo desorden. Les gustaba pasear juntas en búsqueda de las criaturas que su padre solía mencionar, llegando a recorrer enormes distancias tomadas de la mano. Todo se vino a pique en la vida de esta Ravenclaw cuando la perdió… con el pasar de los años la tristeza fue combatida con esos recuerdos felices, de las eternas andanzas… de los momentos compartidos. Pocas veces trataba el tema de la muerte de su madre, lo había ocultado a punta de excentricidades, de mirar al cielo en búsqueda de criaturas fantásticas, de estudiar constantemente. Se convirtió en la compañera de aventuras de su padre… como antes lo fue ella. Cuando por fin las palabras pudieron salir de su boca dijo:

- Por lo menos tienen un mamá que esté con Ustedes, aunque sean controladoras, mandonas, preocupadas del linaje… – Luna miraba sus manos mientras hablaba - la mía me acompaña desde el cielo, siento que me cuida y que me protege… es más, hasta podría afirmar de que ella cooperó para que me hiciera su amiga. Chicas…no pido que cumplan a cabalidad todas sus órdenes, porque ellas no nacieron sabiendo como ejercer su maternidad… es obvio que cometen errores… y muchos, pero por las conversaciones que hemos tenido me he podido dar cuenta que las quieren… se preocupan por Uds... es que acaso no viven momentos felices con ella... ¿sólo recuerdan lo malo?

Las palabras de Luna las dejaron impresionadas. En ese momento las tres olvidaron sus pretensiones de ganar la eterna batalla con sus respectivas madres y se preocuparon por su amiga. Jamás mencionaba a su madre... y ellas no insistían, porque pensaban que era un asunto muy doloroso. Se quedaron mirándola sin articular palabra, conmovidas por una Luna que quería que comprendieran a sus problemáticas madres. Las miradas estaban clavadas en la chimenea, todo era silencio... hasta que una pelirroja se atrevió:

- Ay Luna... en algo tienes razón... a pesar de ser un verdadero tormento, son nuestras madres... querámoslo o no – dijo Ginny suspirando resignadamente – la Tirana Weasley aún avergüenza a mis hermanos, incluso al pobre Charlie que vive en Rumania... ¡Charliee!... ¿estás usando ropa limpia?... ¿te bañas todos los días?...le pregunta cuando conversa con ella por la Red Flú... uff... jamás creceremos para la doña, seremos su eterna preocupación. Aunque no lo crean, tengo que confesar algo. Tengo un rito madre-hija demasiado importante… este… no dejo que nadie me corte el pelo, ustedes lo han comprobado en carne viva cuando han tratado de experimentar conmigo, excepto ella... todos los veranos me recorta las puntas... una tarde en que se pone a experimentar con mi cabellera hasta dejarla dócil... de verdad espero ese momento… lo sé… dije que es un real dolor de trasero, pero la quiero demasiado… y me gusta compartir con ella esos espacios de dos…

Pansy se había sentado en el brazo del sofá en el que se encontraba Luna, comenzó a rehacer la trenza de su rubia amiga, con mucho cuidado, ya que se había enredado el adorno que usaba desde su cambio de imagen. Sus amigas se sorprendieron ante la suavidad de sus movimientos... y de las palabras que diría mientras realizaba su labor:

- Cada vez que me presenta ante sus conocidos o cuando estamos con mi familia... soy su “BEBÉ”... ¡pero miren como ha crecido!... ¡MI BEBÉ es una estudiante destacada en Hogwarts!... ¿no te lo he contado? – la pelinegra sonreía avergonzada mientras hablaba - apenas puedo evitar sonrojarme, pero me da gusto saber que está orgullosa de mí, por eso siempre me preocupo de estudiar mucho... por mí y por ella... porque me gusta ver sus ojos emocionados cuando recibe mis calificaciones... que me abrace y me invite de día de chicas para celebrar. Lo único que ensombrece nuestra relación, es que siempre le hace caso a mi padre sobre el cuidado del prestigio familiar... a pesar de ese detalle tan idiota... es mi mammi... no tengo otra...

- Mi madre no se queda atrás avergonzando a su pobre hija – Hermione comenta divertida – le ha dado por cantar mientras la acompaño de compras, y a mitad de camino se olvida como continúa… así que comienza a cantar algo de su propia invención y me obliga a seguirla. Cuando me levanto temprano en vacaciones la sorprendo ensayando pasos de baile con papá… si parece que volaran juntos… les ha dado por creerse bailarines de ballroom… cuando me ven frente a ellos se ríen y me invitan a que hagamos coreografías. Yo también reconozco que amo a esta loca que tengo por madre, con defectos y virtudes… así.

Las risas iban en aumento con las anécdotas que siguieron recordando. Madres que perseguían a sus hijas hasta que limpiar una mancha rebelde con un movimiento de varita o el último quitamanchas del mercado… en el caso de Hermione, que escondían dulces bajo el colchón como bocadillos de medianoche y que saltaban imitando a los conejos o a los canguros sólo para hacer reír avergonzadas a sus hijas.

No se habían dado cuenta de que se parecían mucho a ellas, más de lo que quisieran. Les gustaba compartir tiempo, amaban sus locuras, porque… sus madres eran únicas… y así las querían conservar… guardando distancias eso si, es necesario cuidar la salud mental.

- Creo Lunita que aunque tu madre no esté, te cuida mucho… ella debe haber colaborado para que nos reuniéramos – afirmaba la castaña, mientras le sonreía – debe estar feliz viendo como has progresado, sobre todo ahora que cambiaste de look, te ves muy linda… hasta he visto como te miran en el pasillo… eres otra.

- Muy cierto, las madres son felices cuando ven que sus hijas lo están – Ginny estaba abrazada a Luna y la mecía – así que tu tienes una madre – angelita de la guarda, lo que te da una ventaja… se contacta directo con el de arriba para ayudarte… sonríe pequeña… te compensa con algo mucho más importante… con su amor desde la eternidad.

- Ya la imagino cotilleando con las demás ángeles, sobre lo guapa que está su hija después de que experimentamos con ella – carcajeó una serpiente- no te deprimas por tener a tu mamá tan arriba, que si quieres te prestamos a las de nosotras para que te vuelvan loca un rato, aquí en la tierra… imagínate tres para ti sola… pobrecilla... mejor no… quiero verte viva los próximos años.
Luna reía por los comentarios de sus amigas, se sentía acompañada… justo cuando había nuevamente abierto una puerta que había permanecido sellada por mucho tiempo. Desde que están juntas ha podido hablar sobre todos los temas que le interesan, confía en ellas y siente que ellas también pueden contar con su consejo. Son cuatro personalidades tan distintas como el cielo y la tierra, pero han podido seguir juntas perfectamente: siendo sinceras, aclarando los malos entendidos, compartiendo sueños… todo un mundo por delante… un mundo creado por ellas y para ellas. Sabía que ahora por más doloroso que fuera el recuerdo, estaban ellas para acompañarla y apoyarla con todo el corazón.

La conversación continuó con la finalidad de animar a su triste amiga, pero nuevamente se les hizo tarde y tuvieron que abandonar la habitación, casi como almas que se las lleva el diablo… no querían ser castigadas por estar fuera de sus habitaciones en medio de la noche.

Pansy y Hermione se vanagloriaban de haber creado la mejor estrategia para no ser vistas y regresar como si nada hubiera pasado a su Sala Comunes, por lo que debían seguir al pie de la letra cada una las instrucciones y así asegurarse del éxito de la misión diaria… evitar el castigo. Mañana nuevamente se verían, puntualmente a las 9, pero esta vez sería distinto… ya que notarían un leve cambio en una de sus integrantes, leve… pero poderoso cambio.

...

Al Otro Día…

Luna había amanecido nostálgica y muy triste. Cuando despertó recordó cuando su madre la besaba suavemente en la mejilla y la llamaba por su nombre hasta que la veía abrir los ojos. Fue a clases, pero el recuerdo de esos despertares y esa caricia perdida en el tiempo la rondó tanto, que decidió que necesitaba un poco de aire para relajarse. Buscó una banca lo más apartada y se sentó con un libro fingiendo leer, tratando de concentrarse, pero las lágrimas traicioneramente quieren escapar, siendo inútil el contenerlas entrecerrando los ojos y fijando la vista en el libro. Estaba tan pendiente de evitar llorar que no se dio cuenta de que alguien estaba observando tan conmovedora escena.

Theodore Nott había decidido dar una vuelta fuera del castillo, aprovechando el clima soleado que no había podido disfrutar, por estar dentro realizando sus deberes. Todo iba bien hasta que una rubia cabellera le llamó la atención, era Luna Lovegood… conocida como la lunática, caracterizada por su andar volátil y su excentricidad al vestir. Hace tiempo había notado un cambio espectacular en ella… lucía más bonita, su andar distraído parecía cosa del pasado… se relacionaba con más personas del Colegio… era una nueva y renovada Luna, alguien que le interesaba mucho conocer. Esta serpiente al parecer era una de las excepciones a la regla, porque no veía a las mujeres como objetos desechables, el creía fervorosamente en el amor… realmente un curioso espécimen Slytherin.

La vio sentada concentrada en un libro, pero su aspecto mostraba que estaba llorando… en silencio, apartada de todos e inútilmente fingiendo que estaba concentrada en su libro. Una vocecilla interior le dijo que debía hacer algo por ella, pero no supo encontrar una respuesta… hasta que sintió en su bolsillo la llave para ir en auxilio de la triste doncella.

Se acercó lentamente y dejó la rana de chocolate, que había guardado para el final de su paseo, sobre el libro abierto que la Ravenclaw sostenía a duras penas al contener su llanto. La miró dulcemente y le dijo:

- Alguien me dijo alguna vez que el chocolate era alegría convertida en cacao, así que te dejo un poco para que pases la pena. Si de verdad funciona me lo cuentas otro día… ¿de acuerdo?

- De acuerdo – dijo una sorprendida Luna, al ver al Sly junto a ella – pero… ¿por qué no lo descubrimos juntos? Hay alegría de sobra para los dos.

El comentario sorprendió a Theo… la vio secarse las lágrimas con el borde de la túnica, mientras le dedicaba una de sus mejores sonrisas. Para la próxima escondo una caja en mi túnica - dijo Theo mentalmente, mientras le ayudaba a dividir el chocolate en partes iguales y se acomodaba a su lado.

Así comenzaron las curiosas tardes de ranas de chocolate, en aquella banca perdida en las afueras de Hogwarts… donde una pareja hablaba de la vida, de esto y aquello, entre risas y cacao… una nueva vida para ambos. Aunque las noches eran para su querida sociedad, para Luna las tardes tenían un nuevo encanto… un varonil y apuesto encanto.

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